3 cuentos de Chéjov

Comentarios sobre tres cuentos de Anton Chéjov: “Vanka“, “La tristeza” y “La señora del perro“.

Comentario a “Vanka”

Se trata de un breve cuento de Antón Pavlovich Chéjov en el que descubrimos la vida de un joven huérfano a través de una epístola dirigida a su abuelo, Constantino Makarich, que trabaja como empleado de seguridad en una aldea.

Por lo visto, Vanka, de nueve años, a perdido a su madre hace tres meses, por lo que los amos de su madre (que lo son también de su abuelo) lo habían enviado como aprendiz a casa de un zapatero de Moscú, donde sufría los malos tratos y abusos de la familia que lo acogía y del resto de aprendices.

La noche de Navidad, Vanka escribe la mencionada carta a su abuelo – seguimos la redacción, que se intercala con graciosos y entrañables recuerdos de su abuelo y su vida anterior – describiendo su situación y pidiéndole ayuda.

Al ser un niño, no sabe como funciona el correo, por lo que el sobre al buzón sin sello y con la siguiente dirección:

En la aldea, a mi abuelo. Constantino Makarich.

Y seguidamente se acuesta, ilusionado con la idea de que su abuelo leería su carta y le “rescataría”, ignorando que nunca llegará a su destino.

El cuento en conjunto tiene un sabor amargo, después de conocer la situación del pobre Vanka y solidarizarnos con ella (es muy fácil tratándose de un pobre niño), nos sentimos impotentes cuando ingenuamente se da por salvado y nosotros comprendemos el gran error cometido, a perdido su oportunidad (y lo pero es que no lo sabe).

Comentario a “La tristeza”

En este breve cuento de Chéjov, “La tristeza”, se describe precisamente esto, con tal sentimiento que casi podría ser el relato una definición de su título.

Es la historia de Yona, un cochero ruso que a perdido a su hijo (toda su familia) hace apenas una semana.

Comienza describiéndose la fria noche, nevada, en la que Yona, solitario, se mantiene inmóvil. Un militar solicita sus servicios, y comienza a conducir con torpeza.

El militar increpa a Yona a ir mas rápido y con cuidado, y este le empieza a explicar: “he perdido a mi hijo…”, pero el militar no quiere escucharle, y en seguida pierde el interés y le ignora.

Después, tres jóvenes vuelven a requerirle, y lo tratan de mala manera por su torpeza y lentitud, llegando incluso a pegarle, pese a lo que el se alegra de su compañía – incluso acepta cobrar menos de lo que debería –; prefiere estar mal acompañado que solo. En esta ocasión también intenta contar su historia, “he perdido a mi hijo…”, pero nuevamente, le ignoran.

Mas tarde, intenta entablar conversación con un portero, pero vuelve a fracasar, y decide que es el momento de acostarse, pues ya trabajó suficiente por hoy.

Una vez en el dormitorio, una gran estancia que comparte con otros tantos cocheros, que duermen ruidosamente, de nuevo cuenta su historia (“he perdido a mi hijo…”) a otro cochero, que tras beber de su agua se duerme ignorandolo.

Y aquí termina el texto, pero e encontrado la continuación del relato donde Yona se siente abrumado por la imposibilidad de desahogarse y considera que tal vez pueda contar su relato a alguna mujer (“a las mujeres, aunque sean tontas, les gusta eso, y basta decirles dos palabras para que viertan torrentes de lágrimas”), y en una visita al establo, termina desfogándose con el caballo, que, silencioso, escucha su confesión.

Completamente conmovedor, de nuevo el autor nos sorprende con su forma de narrar unos echos completamente tristes de manera increíblemente realista, que te lleva incluso a “sentir” al personaje como alguien “real”.

Comentario de “La señora del perro”

Este relato nos cuenta el idilio entre Dmtri Dmitrich Gurov y Ana Sergeyevna.

Él es un hombre cansado de las mujeres (aborrece especialmente a la suya), pero que las necesita y sabe “utilizarlas” para satisfacer sus necesidades. De este modo, las conquista, y se siente mejor entre ellas que dentro de los círculos masculinos.

Ella es una joven casada, que pasa unos dias de vacaciones en Yalta (donde se encuentran) y pasea con su perro.

Dmitri se siente atraído por ella, e inicia el contacto. Pero ella se niega a consumar su relación (en el hotel), pese a lo que se sigen viendo y besándose apasionadamente a escondidas.

Cuando Ana marcha nuevamente con su marido, se supone termina su relaciuón, pero Gurov no puede quitársela de la cabeza y, aunque en un principio parece que la olvida, su recuerdo resurge con mas fuerza, por lo que acaba visitándola en su ciudad.

Consigue coincidir con ella en el teatro, y acuerdan que irá a verle a Moscú, y asi quedan cada tres meses en el hotel del Bazar eslavo, a resguardo de miradas curiosas.

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