Episodio bastardo de Don Quijote

Os dejo un pequeño capítulo bastardo de El ingenioso hidalgo/caballero Don Quijote de la Mancha, de Leiber* y Stoller*. Cierto que no es muy gracioso, pero afortunadamente los autores no volvieron a escribir.

La noche era ya bien entrada. Sancho y Don Quijote corrían por los campos, semidesnudos, huyendo… ¿de qué?

– ¡Mi señor! ¿Por qué corremos, mi señor?

– ¡Tú necio! ¡Corre y calla! No preguntes lo que ya sabes…

Sancho muy perplejo y confundido, obedeció a su señor y le siguió sin abrir la boca.

– ¡Ven, corre, acamparemos en esa cueva!

– ¡Enseguida, espéreme!

Después de un largo trayecto, corriendo sin parar, descansaron en aquella cueva. Entonces Sancho manifestó sus dudas a Don Quijote…

– ¿Y el rucio? ¿Y Rocinante?

– … – Don Quijote no respondió, tenía la mirada perdida en la oscuridad.

– ¿Y qué diablos nos persigue?

– ¡Rayos! ¡No grites! ¡Nos oirán! – Don Quijote respondió, volviendo ya en sí.

– Perdón, mi señor… pero estoy asustado – Sancho miraba hacia todas partes con los ojos abiertos y brillantes como la luna.

– Duérmete ahora, mañana continuaremos.

– Pero necesito saber…

Don Quijote le interrumpió

– ¡Duérmete!

Sancho cerró los ojos, se acostó sobre una roca y se durmió.

Ya había amanecido, Sancho abrió los ojos y vio a Don Quijote mirando hacia fuera de la cueva, con la mirada perdida de nuevo…

– ¡Buenos días mi señor!

– Buenos días mi escudero.

Sancho se miró y miró a su señor…

– Señor, no cree que ya es hora de…

Don Quijote interrumpió.

– El rucio y Rocinante han desaparecido y nuestra ropa la llevaban ellos, como también llevan la comida y todas nuestras pertenencias.

– Dios… ¿Y por qué corríamos, qué o quién nos persiguía?

– ¡Sh! Habla más bajo, podrían oírte – Don Quijote miraba a un lado y a otro.

– ¿Podrían? ¿Pero quién?

– ¿Quién?

– Sí, mi señor, eso he preguntado… Disculpe vuestra merced, pero sigo sin comprender…

– Sancho, oh iluso, ¿acaso no te percataste de lo que aconteció anoche, en la posada?

– ¿De qué habla?

– Ayer, querido escudero, ayer… ¡vino a buscarnos la muerte!

– Mi señor…

– Cierto es lo que te cuento. Por extraño que parezca, créeme. Cuando aún dormías, oí unos extraños ruidos, y al salir hallé una infame criatura, de desfigurado rostro y mirada ausente dirigiéndose hacia nuestra estancia.

– ¿Por eso huimos?

– ¿Por eso?, ¿acaso no te parece motivo suficiente?… sin lugar a dudas, alguno de nuestros enemigos, envidioso de nuestros éxitos, a saber mediante qué oscuras artes, ha enviado a este ser…

– ¡Es horrible! ¿y qué haremos ahora? ¿Dónde iremos?

– No lo sé…

– Oh, mi señor, estoy dispuesto a terminar mis días con usted, pero, ¿no sería más seguro buscar ayuda?

– ¿Y a quién recurrir? De momento, no tenemos más remedio que esperar…

Don Quijote y Sancho acordaron partir al anochecer, arropados por la oscuridad.

Sancho apagó el fuego, y ambos se retiraron al más rebuscado recodo que encontraron, con la esperanza de sobrevivir al menos un día más…

– De repente, Sancho escuchó un leve rumor…

– Mi señor… escuchad.

Don Quijote se levantó sobresaltado.

– Levanta ahora mismo, y agarra lo que tengas a mano.

– ¿No sería mejor huir?

– ¡No!, ¡jamás! Ya hemos huido bastante… enfrentémonos a nuestro destino, y que sea lo que el señor disponga…

Ambos, armados uno con un pedrusco el otro con la espada desenvainada, apuntando hacia el enemigo invisible, se dirigieron hacia la salida de la cueva, donde pudieron divisar una luz aproximándose.

– ¡Sancho!, ahora o nunca – gritó don Quijote, mientras corría hacia la luz…

– ¡Cuidado, mi señor!

Don Quijote se percató de que, evidentemente, era la muerte… pero esta vez no vino sola, vino acompañada de un caballero… un caballero oscuro según Don Quijote.

– ¡Ya podéis luchar lo mejor que os haya enseñado el diablo, pues si no difícilmente seré vencido! – Exclamaba Don Quijote corriendo hacia los siervos de su enemigo.

– Perdonad señor, os traigo… – Don Quijote le asestó un golpe de espada… que por suerte no hirió al “caballero”.

– ¿Está usted loco? – Don Quijote no atendía a razones y seguía su “dura ofensiva”…

¡Infames criaturas, no podréis con mi voluntad! – Don Quijote continuaba con su ataque hasta que recibió un derechazo de la muerte, que le derribó al suelo y lo dejó inconsciente. Sancho corrió hasta alcanzar a su señor.

– ¡Mi señor! ¿Se encuentra bien? ¡Responda!

Descuida, sólo a sido un golpe de Igor. – Dijo el caballero oscuro acercándose su antorcha… entonces Sancho, los reconoció.

– ¡Dios santo! ¡Usted es el posadero! ¡Y el señorde la limpieza!

Efectivamente… con lo cual no entiendo el comportamiento de su señor – Dijo el posadero sorprendido.

– ¡Perdona usted señor! Le confundió con un malvado ser…

Bueno… sigo sin entenderlo pero aquí les traigo sus pertenencias, y sus dos animales. Y bueno, siento este percance.

– Descuide señor, que tenga buen viaje y gracias por traernos nuestras pertenencias.

– ¡Adiós buen escudero, y suerte!

El posadero e Igor partieron de vuelta a casa, Don Quijote permanecía en el suelo desmayado, y Sancho dándole mimos al rucio…

Salut!!!

* Son seudónimos, no los compositores.

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