Historia de la propiedad

La noción de propiedad implica dos características básicas que no son aplicables al plano etéreo de las ideas: el antagonismo y la exclusividad.

La propiedad debe pertenecer a un solo dueño, ya sea un individuo o un colectivo, y la posesión por parte de uno impide la del otro, ya que no pueden tener dos personas a la vez el mismo objeto; esto es el antagonismo.

Por otro lado, la exclusividad implica que el objeto físico puede ser “protegido” del resto, aislado, de manera que puedes guardarlo fuera del alcance de otros individuos.

La historia de la propiedad corre pareja a la historia de la humanidad y la condiciona en gran medida, de hecho, muchos pensadores apuntan a que es el origen de las sociedades. En un principio, las sociedades primitivas no contemplaban el derecho a la propiedad privada tal y como lo hacemos actualmente. Se trataba de tribus nómadas y de escaso desarrollo tecnológico, por lo que carecían de esa necesidad, no tenían ni tierras ni bienes que poseer.

No obstante, con la aparición de herramientas relativamente sofisticadas (elementos naturales modificados por el ser humano) apareció cierto derecho de propiedad. Más tarde, con el desarrollo de la agricultura y el consiguiente paso al sedentarismo se empezaron a respetar de facto ciertos derechos de propiedad, pero en todo caso de la tribu o clan y rara vez de un individuo particular.

Al surgir las primeras civilizaciones, éstas se basaron en gran parte en la propiedad, considerando algunas al rey o emperador dueño de todo por derecho (divino en muchos casos). Incluso en la prematura democracia ateniense, el patrimonio determinaba el derecho a voto. Bajo el sistema feudal la tierra podía ocuparse, lo que implicaba muchas obligaciones, pero los siervos no tenían la propiedad de la misma, que recaía sobre los señores, la Iglesia o el monarca.

Con el auge de la burguesía a finales de la Edad Media, la propiedad privada (no sólo de la tierra, la única relevante hasta entonces) cobró fuerte importancia y comenzó a regularse su transmisión y herencia. Esto permitió a las clases medias amasar una pequeña fortuna a través de la transmisión de bienes mediante el testamento.

Finalmente, la llegada de la Revolución Industrial igualó el valor de los bienes (tangibles o intangibles, como bonos y acciones) al de las propiedades inmuebles (los campos fueron abandonados, con lo que perdieron valor). Actualmente la propiedad sigue siendo el pilar básico sobre el que se sostiene nuestro sistema capitalista, altamente cuestionado.

CONCEPCIONES RESPECTO A LA PROPIEDAD

Pese a que la historia haya evolucionado en pro de la propiedad, no todos los pensadores la han aceptado como algo natural. A grandes rasgos, podemos distinguir dos grandes corrientes filosóficas opuestas, una a favor y otra en contra de la propiedad.

  • DEFENSORES DE LA PROPIEDAD

Entre los que justifican la propiedad destacamos a los precursores del sistema económico actual (capitalismo), estos son los liberales ingleses y teóricos de la economía como Adam Smith*. De todas formas, podríamos considerar a John Locke* como el gran exponente de la teoría liberal.

Su teoría parte de la premisa de que la naturaleza pertenece a toda la humanidad, pero cada persona es libre y propietaria de si misma y de su trabajo. De este modo, cuando “extraemos” algo de la naturaleza con nuestro trabajo, el bien resultante también nos pertenece (se entiende que en esta operación lo extraído se ha mezclado con nuestro trabajo), siempre que no se agote y otros puedan también extraerlo.

En el estado natural, no existe ningún tipo de convención, y por lo tanto se crean conflictos de interés por la posesión de los bienes. Para evitarlo, el ser humano se asocia, creando instituciones que protejan su propiedad, incluso asumiendo perder libertad para ello.

Hay que señalar que una vez la asociación de los individuos da origen al estado, este se encuentra en el mismo “estado natural” respecto a los demás, ya que carecen de una institución superior, lo cual explica el origen de las guerras.

Con todo, Locke no solo defiende la propiedad privada, sino que la postula como inherente a la humanidad y causa de la transición al estado civil (esto es, a la sociedad).

  • DETRACTORES DE LA PROPIEDAD

De las críticas a la propiedad privada quizás sean las provenientes del marxismo las más conocidas. El marxismo predicaba la sustitución de la propiedad privada por la “propiedad común”, traspasando la titularidad de los bienes a la sociedad, representada por el estado durante la etapa de transición llamada “dictadura del proletariado“.

Esta idea se enmarca en la predicción de Karl Marx* de que la sociedad evolucionaría necesariamente a una sin clases ni desigualdades, que iría precedida por una etapa transitoria en la cual el proletariado gobernaría y emprendería la expropiación de las propiedades para su posterior socialización.

Otro gran teórico contrario a la propiedad fue Pierre-Joseph Proudhon*, que resultó tener una gran influencia tanto para el movimiento comunista como para el anarquista, del que se considera iniciador.

En su obra ¿Qué es la propiedad? (1840) defiende la ilegitimidad de ésta (“la propiedad es un robo”), argumentando que en ella reside la causa de las desigualdades.

Proudhon diferencia entre posesión y propiedad, siendo la utilización lo que distingue ambos conceptos. Para él, la posesión es el derecho legítimo sobre un bien que emana de su utilización, mientras que la propiedad es ilegítima, ya que excluye de la posesión de los bienes a otras personas.

Para entender esto, diríamos que Proudhon defiende que tenemos derecho a habitar (posesión) una vivienda y que nadie la tome mientras vivamos allí, pero sin embargo rechaza que alguien tenga (propiedad) derecho a conservar esa vivienda como suya e impedir o permitir a cambio de una tasa el acceso a otros cuando no hace uso de ella.

Extraído de “Debate en torno a la propiedad intelectual“, disponible en la sección Biblioteca de /home/anouk.

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