Republicación: La sombra

Relato de terror de una pizzera en potencia:

La noche avanzaba silenciosamente. El viento soplaba y las oscuras nubes marchaban por el cielo en busca de un lugar donde depositar el agua que transportaban. Pronto, la oscuridad reinó en la ciudad que, dormida, aguardaba la llegada del día. Las farolas del parque parpadeaban siguiendo una curiosa coreografía e iluminaban ahora sí, ahora no, los árboles y bancos que se extendían a lo largo del jardín.

Desde la ventana de su habitación, pudo divisar una extraña sombra que se movía rápidamente entre la vegetación y que desapareció en el momento justo en que se encendío la farola más próxima a ella. Le hubiera gustado saber qué era aquello… ¡Mala suerte!

Hacía días que no podía dormir por una extraña pesadilla que había tenido un tiempo atrás y que últimamente se repetía con frecuencia:

Se encontraba en una biblioteca antigua. Siempre le habían gustado esas bibliotecas de enormes estantes de madera llenos de libros antiguos y gastados por el tiempo. En aquellos lugares parecía que de un momento a otro iba a suceder algo extraordinario.

Pues bien, la biblioteca de sus sueños estaba completamente desierta excepto por, evidentemente, los ejemplares que contenía. Había una cantidad innumerable de tomos y volúmenes de libros y todas las ediciones posibles. Mientras daba un placentero paseo entre los pasillos repletos de obras, empezaba a sentir una especie de escalofrío. Se acercaba a cerrar la ventana abierta y volvía al lugar en que se encontraba para examinar un libro en cuya portada no aparecían ni palabras ni imágenes, simplemente nada. Lo abría y las páginas se encontraban en blanco, nada escrito. Al llegar a la última página le parecía ver una pequeña mancha de tinta. Al examinarla bajo un foco de luz, podía apreciar lo que parecían unas diminutas letras que, observadas con lupa, formaban la palabra: NOCHE. Extrañada, dejaba el libro en su lugar y continuaba su paseo. Nuevamente se paraba a escudriñar un viejo volumen. Se trataba de un manual de medicina medieval con ilustraciones preciosas y pensaba en examinarlo más tarde. Entonces, un nuevo escalofrío recorría su espalda. Miraba de lado a lado. Nada. Todas las ventanas cerradas. El silencio reinaba en la biblioteca. Seguía caminando, disfrutando con la vista de los hermosos libros cuando, de súbito, aparecía en el suelo un ejemplar enorme que parecía contener la respuesta a todas las preguntas. Se dirigía hacia él, lo cogía entre sus brazos, acariciaba el lomo y las tapas, que tenían un tacto muy agradable, y lo abría.

De nuevo, encontraba las páginas en blanco, así que, pensando en lo que había pasado anteriormente, buscaba la última página en cuyo margen había, tal y como esperaba, una mancha de tinta. Esta vez el mensaje era distinto: SANGRE. De pronto, escuchaba una voz, un susurro, que le decía:

Corre, corre, corre.

Asustada y con el corazón en un puño, echaba a correr. Veía pasar por el rabillo del ojo, las estanterías repletas de libros y las sombras que se proyectaban a su alrededor.

Llegaba al final de la biblioteca y contemplaba aterrada, cómo, por arte de alguna fuerza extraña, iban apareciendo unas letras rojo sangre en la pared. Paralizada, consiguía cerrar los ojos para dejar de ver el macabro espectáculo.

Cuando los abría, las letras rezaban: NADA. Tras leer el mensaje que acababa de escribirse, le entraba un ataque de pánico y salía corriendo, sin poder apartar la vista de la palabra. Sin darse cuenta, poco a poco, se iba aproximando a la puerta de la biblioteca. No podía dejar de mirar esas letras, mientras gritaba y notaba cómo le faltaba la respiración. La puerta de madera de la estancia estaba cada vez más cerca. Faltaban diez metros, cinco, un metro. Ella giraba la cabeza y miraba hacia adelante, donde unos enormes y profundos ojos rojos se avalanzaban sobre ella. Despertaba.

Cuando se cansó de las vistas del parque, encendió la radio y, pese a que intentó mantenerse despierta, no lo consiguió. Se despertó al escuchar unos golpes en la ventana, un repicar constante y una dulce voz que le decía:

Déjame pasar.

Con los ojos entreabiertos y aturdida por el sueño, abrió la ventana y volvió a acostarse.

Una sombra recorrió la habitación. Tumbada sobre la cama, adormilada, una deliciosa melodía que le inducía al sueño llegaba hasta sus oídos. Mientras, la figura observaba la habitación. No era muy grande pero era acogedora, oscura y estaba decorada con muy buen gusto.

Vio cómo la figura, cómo esa sombra, se avalanzaba sobre ella, pero pensó que se trataba nuevamente del sueño. Él acarició sus cabellos, su cuello, y sus hombros. Ella experimentó una sensación de bienestar muy placentera y se movió en la cama, quedando boca arriba.

La figura aprovechó para acariciar su cara. Paseó los dedos por su frente, peinó sus cejas con la yema de los dedos, los deslizó por sus mejillas y llegó a sus labios. Los acarició y se acercó a ellos para besarlos. Bajó besando su cuello y en el momento oportuno, hundió suavemente sus colmillos en la piel de la muchacha, que despertó al notar el pinchazo y pronunció un leve grito que se ahogó en su garganta. El vampiro succionó cuanta sangre quiso. Ella consiguió mantenerse consciente pese a haber perdido tanta sangre. El vampiro sacó los incisivos y acto seguido, besó la herida. La muchacha abrió los ojos y miró a su agresor. Unos profundos ojos rojos que penetraron en los suyos, se avalanzaron sobre ella. Y después… nada.

Las farolas del parque se habían apagado. El viento cesó. Las nubes desaparecieron y dejaron paso a una enorme y hermosa luna llena. Dos figuras sobrevolaron el cielo en busca de un lugar donde esconderse hasta la llegada de la puesta de sol. Y dentro de la habitación, magnificamente decorada, desde la que se veía el parque… nada.

FIN

¿Continuará?

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